De carreras frustradas

Heme aquí de nuevo, más de 6 meses después de mi último remedo de post (notando una indignante ausencia de muestras de preocupación por parte de nadie), para mantener mi apenas vivo blog o como quieran llamarle a este conjunto de palabras incongruentes.

Empiezo este nuevo postito por demás emocionado, ya que es el primero (y muy probablemente el último) que hago por encargo explícito de gente ajena a las voces en mi cabeza (que si bien no estuvieron muy contentas al principio, pude convencerlas, después de un rato de discusión y varias chelas, de que era una gran idea). De aquí el camino lógico de mi porvenir es un contrato como escritor, novelas varias, películas, fama, sexo y alcohol. Yo, siempre previsor, ya empecé con el alcohol para ir ahorrando tiempo.

Para aquellos de mente ágil que leyeron el título, ya se imaginarán que este post va encaminado a una profunda reflexión del porque, al final humanos imperfectos, la gran mayoría de nosotros terminamos eligiendo como carreras de vida cosas alejadas a nuestros primeros sueños, intereses y pasiones, quizá por buscar un camino de estabilidad y confort, por las normas de la sociedad o por el simple miedo a perseguir nuestras ilusiones.

Pues difícilmente podrían estar más equivocados, este post, como todos los míos, consta, básicamente, de idioteces ligadas una tras otras con innegable maestría.

Esta idea comienza cuando unos amigos, intelectuales del estudio del portugués, y su servidor discutíamos, solo deteniéndonos para morder el taco de camarón, inteligentes tópicos y sesudas disertaciones (que no discutiremos aquí) que algún día, no me cabe duda, impactarán al mundo. En ese intercambio de ideas, salió el siempre saludable tema de lo que nos hubiera gustado ser de nuestra vida, independientemente de si lo que hacemos nos gusta o no, si hubiéramos podido elegir. Solo un 25% de esa muestra representativa (representado todo él por mi admirada y querida amiga Gaby T), hacía aquello que le apasionaba realmente, todos los demás, si bien manejando un grado de satisfacción aceptable, hacíamos cosas bastante promedio.

Una de las tantas grandiosas ideas que surgió de esa plática fue hacer un post sobre el tema. Cómo aún no me puedo hacer responsable de las pendejadas de nadie (para eso estarán mis hijos) decidí platicar un poco sobre lo que yo, oh infante ignaro, quise ser antes de seguir la satisfactoria y envidiada carrera de ingeniería… (soy yo o alguien se rió en algún lado…).

Caballero Jedi

Por supuesto mi primera gran ilusión y reto a seguir fue ser Caballero Jedi. Después de ver unas 10 veces seguidas “El regreso del Jedi” pirata y en formato Beta, hubiera sido una verdadera estupidez no querer pasarse la vida blandiendo un sable láser, matando seres vivos de manera masiva sin aparente remordimiento y ganar dinero… de lo que sea que se mantuvieran los Jedis. Todo empezó muy bien, entrenándome con el palo de la mejor escoba de mi mamá y dándoles en la madre a diversos floreros y focos, que no presentaron batalla los muy cobardes. El verdadero problema empezó cuando intenté levitar unas piedras con nada más que el poder de la fuerza. Para mi infinita sorpresa, fue más difícil de lo que parece. Después de muchos ejercicios de respiración, gritos, miradas penetrantes y pujidos majestuosos (ninguno de los cuales concluyó con el éxito esperado, aunque ciertamente movieron de un lugar a otro una cantidad considerable de materia), me admití derrotado por la infame roca que no se quiso mover ni un rechingado milímetro. Así fue como mi primera gran ilusión quedó reducida a nada, pero no por eso mi corazón y coraje fueron derrotados… eso ya vendría después.

Piedra de la derrota

Guerrero Elfo

Como toda persona de mente saludable, después de un breve periodo de desconcierto y confusión en que quise ser cosas verdaderamente estúpidas como Goku, Super Campeón, Caballero del Zodiaco y Piloto de Varitechs entre otras cosas igual de inverosímiles, mi inseparable amiga la lectura, en conjunto con el mejor director de todos los tiempos llamado Peter Jackson, me hizo ver con una claridad deslumbrante lo que el mundo merecía se dedicara mi sapiencia. Guerrero Elfo.

Siempre emprendedor y previsor, corrí a comprarme un arma adecuada para matar orcos por si un día se presentaba la ocasión. Estudié enfermizamente los escritos de Tolkien y reuní una sumamente útil colección de figuras de acción para visualizarme como el futuro defensor de la Nueva Tierra Media (Atizapán). Desafortunadamente, después de repetidos intentos y a pesar de mis sólidos argumentos de intentar convencer a varias personas que su fealdad pantagruélica solo podía deberse a la sangre de orco que corría por sus venas, nadie quiso dejarse acuchillar por mis dagas élficas, los muy desconsiderados. Así fué como mi segunda ilusión de vida se vio frustrada. Pero no por eso (tan idiota yo) me dejé pisotear, no señor.

Camera 360

Monero

Una vez que varios señores con curiosas batas blancas me convencieron (a medias) de que la tele no era una buena fuente de información en cuanto a vocación profesional se refiere, decidí voltear a carreras más terrenales aunque con posibilidades de éxito similares.

Pocas cosas me hacen tan feliz como leer unos buenos monos, empezando con el sarcástico y huevón de Garfield, pasando por el izquierdoso de Rius, el derechoso de Paco Calderón, el irreverente Trino y mi ídolo personal el gran Quino padre de Mafalda. Por supuesto pronto descubrí que mi habilidad de dibujante es muy similar a mi habilidad para levitar rocas, mi sentido de las proporciones es bastante cercano al que tienen las salamandras ciegas de las cuevas de Texas y mi firmeza en el trazo es ligeramente mejor al de los enfermos de Parkinson avanzado.

Después de trabajar con ahínco y dedicación durante más o menos 5 minutos, entendí que era poco probable verme publicado en los periódicos matutinos, así que decidí mantenerme en el plano amateur y solo torturar con mis dibujos a la gente de facebook.

Camera 360 2013-01-05_17-34-54_634

Escritor

Y finalmente (demos gracias al señor) llegamos a la parte final de este post que, en una muestra de coordinación magistral, me catapultará a la fama de la actividad que precisamente estoy haciendo: escribir.

Se que no tengo, no tendré y la verdad es que no deseo la capacidad de hacer ese tipo libros que gustan de los intelectuales, donde una palabra significa mil cosas, cada capítulo es un pozo sin fondo de teorías y sub teorías, son temas de estudio profundo en las universidades y las tertulias, algún día ganaran el premio nobel y, claro, no entiendes un carajo de lo que se está diciendo.

A lo que yo aspiro es a contar historias, historias que atrapen, historias divertidas, historias de esas que te hacen desvelarte un miércoles. No aspiro a reconocimientos de la crítica, no entiendo de corrientes literarias y para mí El viejo y el Mar es una historia de un viejo y un pescadote.

A esto, amenazo, aún no he renunciado, para muestra este blog que nadie lee y algunos archivos olvidados en mi computadora que reviven de vez en vez entre la importante vida llena de números del ingeniero (¿esas risas de nuevo?).

Y quién sabe, quizá algún día un nerd del futuro, a lo mejor con un blog propio, tenga de adorno en la pared de su cuarto una colección de figuras de personajes de una película que, entre los créditos finales, anuncie “Basada en la novela de C. De La Mata”.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s


A %d blogueros les gusta esto: