De los infomerciales

“¡Comerciales de media hora!”

Es esta la exclamación de un emocionado Homero Simpson cuando, robando televisión por cable, descubre una de las maravillas televisivas de nuestro tiempo además de las Travesuras de la Güereja y Cheaters: los infomerciales. 

Francamente no encuentro una mejor definición que esta (salvo que ahora la duración de los infomerciales tiende al infinito) para describir lo que son estos prodigios de la era de la electrónica, el consumismo y Paris Hilton. Más allá de ahondar en los genios que idearon esto y en su poder de venta (que quiero pensar que existe o de lo contrario ya no los veríamos más) me es harto interesante el insulto que, en repetidas ocasiones y a lo largo de todo el infomercial, se hace a nuestra inteligencia. Los simplismos, las inconsistencias, las falsedades y en general la gran bola de mamadas de las que hacen gala… y el porque, no obstante, nos quedamos, cual viles pendejos (si, ¡VILES PENDEJOS!), viéndolos e incluso sucumbiendo a alguno o varios de ellos.

En general todos los infomerciales (y no esos reducidos que pasan en la tele a las horas normales, sino los verdaderos hardcore que podemos disfrutar después de la media noche) cuentan con las mismas características: una especie de set/escenario con uno o varios productos competidores del producto estrella, conductores de amplia sonrisa y poco cerebro que pueden ser famosos o no, un publico que, al parecer, no tiene algo mejor que hacer en su triste vida que ir a que lo convenzan de que compre algo (cosa que no tardan mucho en hacer) y, como rechingadas putas madres no, un producto cuya importancia y maravillosas cualidades solo son comparadas con la anunciación de la llegada del Cordero de Dios por el Arcángel Gabriel, que de ahora en adelante llamaré, por comodidad y por mis huevos, la chingadera.

Todo empieza muy parecido a un sketch malhecho de Otro Rollo:  llegan al set, entre aplausos del respetable por supuesto, los anfitriones, que suelen ser dos en su forma más estándar, uno que sabe TODO acerca de la chingadera en cuestión (experto) y otra que, no obstante su entusiasmo, no conoce nada de ella (ignaro). Después de las presentaciones obligadas y, en su caso, la enumeración de las múltiples virtudes y cualidades del experto (Mr Universo en 1972, ganadora del concurso de belleza de supertangas.com, chef del restaurante más mega chingón de la región más mega chingona del país más mega chingón del mundo culinario o alguien que pueda hacer tres felaciones simultaneas mientras resuelve una integral por partes, etc.) que tienen que ver, por lo regular, con las cualidades de la chingadera aquella.

Entonces viene LA PREGUNTA. Porque esta no es cualquier pregunta, no es una cuestión intrascendente e irrelevante de aquellas que oímos a diario, no son pendejadas como el porque de las guerras si Dios nos quiere tanto, del que hubo antes del Big Bang, de donde están los millones que se robó Salinas, del como reputísimas madres llegó Fox a la presidencia o de cuantos kilos más puede aguantar la columna vertebral de Sabrina antes del fallo, ¡NO! ¡Esas son mamadas! ¡Esta es la pregunta que puede cambiar tu vida para bien y para siempre!

¿NO ESTÁS CANSADO DE…?

Pues si mis lectores, esta es la pregunta que en cualquier infomercial siempre nos llevará a la reflexión profunda, captará nuestra atención y nos hará ver claramente que tenemos muchas carencias y, en especial, aquella. El virtuoso conocedor de la chingadera le preguntará, con una gran sonrisa, a su ignaro acompañante: “Dime Jacinta, no estás cansada de… hacer ejercicio diario sin bajar esas tallas, que la comida se te queme en los sartenes, no tener espacio para colgar tu ropa, planchar diariamente, las manchas en los sillones, los pelos del perro, los cuchillos que no cortan, LA DISFUNCIÓN  ERECTIL, LAS UÑAS ENTERRADAS, QUE LOS PELITOS SE TE ATOREN EN EL CIERRE, QUE NO HAYA BAÑOS DONDE PUEDAS DEFECAR DE CABEZA…” etc, etc y etc. La lista es interminable e irrelevante.

Por supuesto, inmediatamente después viene la respuesta del sorprendido (seguramente por la increíble capacidad del experto para identificar los problemas de la gente) acompañante. “¡Claro que lo estoy!” (aquí, secretamente, siempre he esperado que alguno conteste algo como: “Fíjate que no, esto de tener tres lonjas y senos más grandes que mi señora esta de requetehuevísimos” o “¡A huevo que no! tendría que ser un verdadero pendejo para cortarme los dedos cuando pico zanahorias”, pero no ha sucedido aún).

Aquí es cuando empieza el verdadero show, ante la mirada de admiración cuasiorgásmica y de total comunión del público con el anfitrión ignorante, este empieza a quejarse (siempre sin perder la sonrisa) de algún problema recurrente: “¡Claro que estoy harto! Esto de depilarse los vellos del recto sin dolor es algo que es imposible!” (situación hipotética). Es en este momento cuando las cámaras enfocan al intelectual público y se puede observar claramente en sus rostros preocupados que ellos padecen exactamente del mismo mal. “No mames, no podría estar más de acuerdo, es como si me leyera la mente…” parece que exclaman en su interior.

Aquí empiezan, claro, la explicación del porque es tan difícil hacer lo que no puede hacer (los cabeceos de asentimiento del público llegan a niveles sísmicos) y entonces, ante la atónita mirada de todos, sucede el éxtasis existencial de todo infomercial: “¡Pues todo eso se acabó! (exclama el experto con una mezcla deliciosa de seguridad, emoción, felicidad, espasmo psico-sexual y convencimiento) porque a ya tenemos la/el nueva(o) _____________ (añadir la chingadera de su preferencia).

Y bueno, después de este emocionante momento que yo comparo con el descubrimiento de América, el infomercial sigue con varios segmentos que pueden o no venir en orden:

Segmento demostrativo

Segmento donde el experto demuestra, mientras explica con singular alegría y ante la idólatra mirada de su compañero, todas las virtudes y ventajas que tiene la chingada chingadera sobre todo y sobre todos. En esta etapa es común recibir, a la menor oportunidad, una expresión de admiración (a veces con aplauso) del compañero ignaro que son rápidamente contagiadas al inteligente y totalmente veráz público. Se puede dar también la negación (¡oh, estúpida humanidad!) de alguna capacidad de la chingadera. Vg. “¡Por favor Mike! ¿Me estás diciendo que la nueva Cacerolator 3450 Double Plus con recubrimiento de robarium templado puede hervir un huevo de avestruz en 5 segundos (aparentemente éstos presentadores se pasan la vida intentando hacer cosas que nadie más haría)? ¡Es imposible!”. Con la consiguiente demostración de que “imposible” es una palabra que no conoce la Cacerolator.  También es en esta etapa donde el experto invita a el ignaro a usar la chingadera para que compruebe lo fácil de usar que es. Aquí el ignaro entra en un trance epiléptico regular que consiste en una variada mezcla de expresiones de admiración y confirmación, exclamaciones de sorpresa, sonrisas y miradas intermitentes público/experto/público, todo mientras usa, cuál si hubiera nacido con él, el producto-chingadera.

– Segmento comparativo

En esta etapa es harto común tirar, aventar, desmadrar y otros varios verbos que terminan en “ar” a los competidores del producto en cuestión; hacer alguna competencia entre la chingadera maravilla y algún experto y demostrar, fehacientemente, que uno puede, por ejemplo, hacerse un lavado intestinal tan rápidamente como lo haría el mejor proctólogo del mundo y en la diezmillonésima parte del tiempo.

– Segmento adoctrinante

Este segmento será repetido muchas (pero muchas) veces a lo largo de todo el infomercial, es donde una voz desconocida (¿Díos quizá?) hace un rápido resumen de las maravillas de la chingadera mientras pasan, en rápida sucesión, imágenes de gente harto feliz usándola, paseándola y presumiéndola una y otra vez, intercalándolas con cuadros de gente gorda, encabronada y fea por, evidentemente, no tenerla. Es aquí también donde se resumen los regalos, recortes de precio, ofertas, 2×1 y demás genialidades mercadológicas; te dan los números donde serás perfectamente atendido por señoritas sudamericanas y el increíblemente bajo precio (más gastos de envío).

– Segmento imperativo

Es donde todos estamos totalmente convencidos de que nuestra felicidad y realización en la vida dependerá de poseer (no en todos los casos de manera sexual) la chingadera. La cereza del pastel viene con la sorpresa de que, cuando estás pensando prostituirte para poder comprarla, el experto, en un acto de suprema bondad, te incluye, además, un rayador de tubérculos comestibles del norte de Singapur, el estuche de viaje con cubierta impermeable al (¡genios!) agua, el bote grande de crema exfoliolimpatermoclarificadora del Doctor Shivago, etc. ¡Y todo a la mitad de la mitad de la cuarta parte del precio del mercadooooo! (¿de Sonora?). Aquí te das cuenta que serías un verdadero pendejo hijo de la chingada si no lo compras.

Después de tan extensa descripción, creo que será buena idea dejar mis conclusiones para el siguiente post, para no aburrirlos y no aburrirme (que, se bien, es algo de su suma preocupación).

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3 comentarios to “De los infomerciales”

  1. ilse ilse Says:

    jaja solo puedo decir que tu anuncio fue como un falso infomercial, yo lei..nuevos postsitios idiotas..y ante tu pregunta del twitter me dije ohh ahora hablara de los posts, y de estas tecnologias de que todo mexico se entere( ahora x internet)… y oh sorpres era de infomerciales aunk claro fue mi culpa por no leer bien, y lo uniko q puedo decir es… no manches recuerdo q una ves hace chingomil años mi madre adquirio una maravilla en cosmetologia, por tv obviameeente, y consistia en un labial q hacia q tus labios parecieran rellenos d colageno suuper sexys, un barniz para q las uñas crecieran hermosas maravillosas etc, y un rimel q hacia q las pestañas falsas de jennifer love se quedaran cortas… pues recuerdo q el barniz apestaba tanto a ajo q ni secandose dejabas d oler d ajo, cosa suuper agradable, el labial ese hizo q a mi hermana se la casi kemaran los labios x q tenia chile y si..se le pusiron los labios d trompuda pero la pobre no aguantaba la enchilada ardida..y ya ni probamos el rimel x temor a kedarnos ciegas… jaja

  2. DiRich Says:

    Wey… algo que a mi me sorprende… pero de verdad… es cuando ponen sus esquemas con sus animaciones 3d tipo pelicula mexicana copia de pixar para demostrar como tu intestino se vacía gracias al producto milagroso contra la caca atorada. O bien el antes y despues de como “no solo bajas de peso” sino que además terminas mamado y con un lavadero que ni VanDamme y en solo una semana!!!. Jejeje entre otras cosas..

    Aunque si considero muy chusco ver como MR. T Prepara unas papas con chorizo… jajajaja es la unica razon por las que veo infomerciales.

  3. Lobo Says:

    El rey de todos los informeciales es y será por siempre el de Tecla Fácil
    Y es que con ese nombre, uno no podia mas que esperar a que el producto nos permitiera poseer fácilmente y de maneras ingeniosas las mamas femeninas… la mercadotecnia.

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