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De los infomerciales Reloaded, crítica destructiva

febrero 22, 2010

Después de la (ahora lo veo) innecesariamente detallada descripción de los infomerciales, procedo a mi idea original del post que es quejotearme de ellos (cosa que, me queda muy claro, los tiene muy preocupados).

Lo primero que llama poderosamente mi atención es que, si bien la gran mayoría de los infomerciales mantiene un grado aceptable de coherencia al elegir a sus anfitriones (atletas profesionales para los aparatos de ejercicio,  cocineros pa los de cocina, estilistas ligeramente putos para los productos de belleza y actrices porno para los juguetes sexuales… (esto último solo es deducción (y deseo), nunca he tenido el gusto de ver alguno), uno a veces se pregunta: ¿Que, con una rechingada, hace Mr. T con un delantal y vendiendo un… ¿Tupper Wear Biónico? Lo que me lleva a la siguiente pregunta: ¿Cómo es que sigue vivo Mr. T? ¡Salió en un capítulo de Alvin y las ardillas (la original) por amor de Dios! ¡Y para ese entonces ya era famoso! Probablemente algo tenga que ver lo que vende con su longevidad antinatural (y si no, ¡debería!).

En cuanto al ignorante coanfitrión y al público, no ahondaré mucho ya que me gusta pensar que la mayor parte de gente que vaya a leer esto tiene el IQ suficiente (que debe ser ligeramente mayor al de un babuino africano) para darse cuenta que son personas compradas que realmente no se preguntan si la PalaCaca 2300 realmente tiene la capacidad de levantar hasta 45.3 kilos de mierda de elefante o si el vacío generado por el Iwantareallyfuckinenourmousdicktronic 69 en verdad puede solucionar sus problemas de autoestima.

Lo verdaderamente divertido se encuentra en la sección de adoctrinamiento (referirse al post anterior). Este espacio ha sido tan perfeccionado que es bastante sencillo determinar que sucederá en él. Si lo que quieres es bajar de peso, por poner un ejemplo, saldrán unos videos (en blanco y negro por supuesto) de gente gorda y encabronada tratando inútilmente de hacer una abdominal o intentándose poner un pantalón que, muy probablemente, compraron 5 años antes de su primer embarazo (y seguramente tuvieron un embarazo en la adolescencia). Todo con un cansancio extremo y caras compungidas. Inmediatamente vendrán, en chingosísimos colores, unos mamados y unas buenotas con cara de “¡Hey, estos músculos abdominales podrían ser tuyos!” mientras realizan con increíble energía lo que el aparato esté destinado a hacer e importándoles una chingada lo pendejos que se puedan ver (y se ven).

Otra cosa bonita son los miles de productos cuyo único objetivo es que puedas seguir tu vida con la hermosa hueva que has cultivado con esfuerzo a través de los años, pero que además (¡benditos sean!) te veas a todísima madre. Por ejemplo aquellos que te mandan impulsitos eléctricos para simular la contracción muscular (¿nadie se ha preguntado que pasará si te pones eso en el…? ¿no? yo tampoco…), una cosa que hace vibrar la bella panza de marrano que te cargas y que generan unas ondas que, una vez más lo lograron, hacen que el fluido no-newtoniano que tu llamas estómago se vea aun menos estético, además que mueven bastante más masa que la del terremoto de Haití. Yo pongo toda mi fe en uno que, acostado, te mueve los pies de un lado a otro… no me queda muy claro el porque…

Si bien todo lo anterior me causa una especial secreción de serotonina, mi parte favorita es, en definitiva, las entrevistas. Las dos variantes más comunes son las que hacen a gente satisfecha por usar el producto y la de los famosos que les dieron una lana por estar ahí.

“Es increíble -dice una ex gorda maravillada-, desde que mis amigos me recomendaron el AB Maker, he bajado tres tallas y me siento mejor que nunca ¡Y sin salir de casa!” Por supuesto habría que determinar donde chingados pudieron comprar y usar sus amigos el AB Maker si es un producto nuevo de última generación que acaba de salir al mercado y solo se consigue llamando al número correspondiente a su país.

“Es increíble, cuando empecé a usar Clear Skin no creía nada de lo que me dijeron, pero es una verdadera maravilla, llevo usándolo solo 2 meses y mi piel ha adquirido la claridad de mi infancia, le recomendaré Clear Skin a todos mis amigos”. Y bueno, si no creías nada… ¡Pa que chingados lo usas! “Pues si, creí que meterme un plátano por el culo no era buena idea, pero lo hice de todos modos”…  Gran razonamiento… Misma cosa, ¿Cómo es que llevas usando meses la fregadera esta si apenas el día anterior estaba el infomercial de Cre-C Max? Algún purista dirá: “Permíteme pero aquí el pendejo eres tú, por supuesto habrán hecho algunos estudios y pruebas con voluntarios antes de sacarlo al mercado”. Pues… si… en teoría si… en teoría Juanito es el delegado de Iztapalapa, en teoría la justicia siempre prevalecerá, en teoría Irak tenía armas de destrucción masiva… Pero Juanito está picándose la cola en Xochimilco o algún otro estado cercano, yo sigo siendo justo y cada vez más jodido y los muertos de los bombardeos gabachos siguen, por increíble que parezca, muertos. De cualquier manera, si alguna persona está suficientemente jodida para ofrecerse a que le pongan lo que podría ser caca de mono araña en la jeta, probablemente lo que necesitaba para volver a su tono original de piel era un jabón.

En cuanto a los famosos… digo, no es que dude de la veracidad de Maribel Guardia (porqué hacerlo) cuando afirme que alguien tan chingón como Goicoechea logra en esas piernas harto buenérrimas lo que la medicina moderna nunca ha podido… pero… ¿Chayito la ancianita corredora (q.e.p.d.)? Y antes de que piensen en las piernas de Chayito (cosa que nos les traerá beneficio alguno), me refiero a otro infomercial que ví (que no cumplió muy bien su cometido ya que no recuerdo que chingaos anunciaba, creo un suplemento alimenticio) donde Chayito tenía una estelar aparición donde decía algo parecido a “Yo les recomiendo… que compren… esto…” Y por supuesto la culpa no es de la admirable ancianita  si tomamos en cuenta que,  seguramente, Chayito sufría de aquel síndrome (que aún no entiendo como es que nadie lo ha documentado) que sufre el 90% de las mamás mexicanas de no poder pronunciar ciertas palabras, por más que sus hijos se las repitamos una y otra vez (en el caso de mi sacrosanta jefecita son catsun por catsup, el turs por el tour, gins por tips  y seguramente alguna otra que no recuerdo, pero también he oído laptap por laptop, simitasi por bicitaxi, picza por pizza y sesto por sexto solo por nombrar algunas), si a esto añadimos que tenía más de 90 años y que era de clase humilde, no hay que ser un genio para pronosticar el resultado. Aunque, claro, los buenos infomerciantes se las arreglaron para, de manera por demás impresionante, echarle más caca al pastel al dejar la participación de Chayito.

“Oiga don patrón, fíjese que yo no creo que debamos poner lo de Chayito… o sea, no toda la gente es idiota…”

“¡¡Cállate cabrón, aquí el que tiene maestría en mercadotecnia soy yo!!”

“Pero… no cree que la gente, solo quizá, pueda imaginarse que Chayito nunca usó un producto que no puede pronunciar… creo que no será bueno pal negocio…”

“¡¡Que te calles pinche Juan hijo de puta!! Tu no puedes pronunciar Head ‘n Shoulders y aún así lo usas no?”

“Yo no me llamo Juan…”

“¡Pues cuando yo llame a Juan tu vas a responder cabrón y chingas a tu madre si no!”

Otro memorable que ví hace poco es de una madre pa las articulaciones donde sale la ñora por excelencia Carmen Salinas (alabada sea) y el Travieso Arce entre otras celebridades. Del Travieso no recuerdo que dijo ya que, como siempre que abre la boca, no puedo evitar fijar toda mi atención en sus bellísimos dientes. Lo que si recuerdo bien es la participación de la Salinas cuando, con su cara de estreñimiento y ese timbre de voz que me hace pensar  que está haciendo un increíble esfuerzo por no tirarse un pedo, le dice a los televidentes: “No estás cansado de ver a tu jefecita como sufre de los dolores en las manos y en las rodillas, no seas así, cómprale calcio de coral a tu mamacita” O algo así. Que la chingada ora resulta… pues desde aquí levanto la voz con el corazón inflamado y grito orgulloso: ¡¡¡Te vas a la verga con tu chantaje emocional y tu calcio de coral Carmelita!!!

Y bueno, pus no me queda más que nombrar el top tres de mis productos preferidos:

AB… algo

Aparato que sirve pa hacer abdominales (verdadero santo grial de los infomerciales) y que fue uno de los primeros que tuve el gusto, que digo gusto, el honor de observar. Describirlo es tan difícil y me da tanta hueva que dejaré que la imagen de abajo hable por si misma. La única desventaja de usarlo aquí en México, es que, no importa donde te encuentres, ya sea en la comodidad de tu cuarto o en la punta del Popocatépetl, no tardará mucho en aparecer alguien que se ponga junto a ti y, cada que tu cabeza vaya hacia abajo, haga un movimiento perfectamente sincronizado para acercar su pelvis a tu cara y hacer un sonoro ¡CHUIK! (comúnmente llamado “bajarse a los chescos”).

Ped Egg

Imagínense un rallador de queso… ahora háganlo chiquito, pónganlo en un estuchito en forma de huevo y raspen alegremente sus callos al ritmo de su música preferida… Con esto tendrán una excelente idea de lo que es esta delicia llamada Ped Egg… siempre que veo en el infomercial la parte donde la protagonista se deshace de los desechos del ped egg,  no puedo evitar pensar que sería muy divertido ponerlo en la harina de algún pastel, la azucarera, algún spaghetti o, porque no, el suministro de coca de alguien…

Bombita de vació de Andrés García

Solo hay un comentario que expresa todo mi sentir: JAAAAAAAAAAAAAAA

Y se que había dicho que lo anterior era lo último, pero pus no me puedo ir de aquí sin hacer una limpieza de alma y autoconfesarme de mis tropiezos:

1.- El Smartmope que era un trapeador especialmente chingón que podía absorber todo, exprimirse desde el mango y, por supuesto, quedó arrumbado en el cuarto de los tiliches y con la mopa pudriéndose después de unas 7 veces de uso.

2.- Un rayador, cuyo nombre no recuerdo, que sirve para hacer rodajitas de cualquier cosa (imaginen un upgrade de la maderita con navaja que se usa pa hacer las papas fritas callejeras) a velocidades increíbles y cuenta con unas cuchillitas retráctiles para hacer papas a la francesa. Por supuesto no todo es tan fácil como se pintaba, la papa se atascará 2 de cada 4 intentos, a menos que lo hagas con unos huevotes (ahí si que serviría Mr. T), lo cuál siempre conllevará la posibilidad de que te rebanes un dedo. Esa todavía sobrevive en la cocina de mi casa y es usada, aproximadamente, 0.48 veces al año.

Ora si, por fin, terminé.

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De los infomerciales

febrero 15, 2010

“¡Comerciales de media hora!”

Es esta la exclamación de un emocionado Homero Simpson cuando, robando televisión por cable, descubre una de las maravillas televisivas de nuestro tiempo además de las Travesuras de la Güereja y Cheaters: los infomerciales. 

Francamente no encuentro una mejor definición que esta (salvo que ahora la duración de los infomerciales tiende al infinito) para describir lo que son estos prodigios de la era de la electrónica, el consumismo y Paris Hilton. Más allá de ahondar en los genios que idearon esto y en su poder de venta (que quiero pensar que existe o de lo contrario ya no los veríamos más) me es harto interesante el insulto que, en repetidas ocasiones y a lo largo de todo el infomercial, se hace a nuestra inteligencia. Los simplismos, las inconsistencias, las falsedades y en general la gran bola de mamadas de las que hacen gala… y el porque, no obstante, nos quedamos, cual viles pendejos (si, ¡VILES PENDEJOS!), viéndolos e incluso sucumbiendo a alguno o varios de ellos.

En general todos los infomerciales (y no esos reducidos que pasan en la tele a las horas normales, sino los verdaderos hardcore que podemos disfrutar después de la media noche) cuentan con las mismas características: una especie de set/escenario con uno o varios productos competidores del producto estrella, conductores de amplia sonrisa y poco cerebro que pueden ser famosos o no, un publico que, al parecer, no tiene algo mejor que hacer en su triste vida que ir a que lo convenzan de que compre algo (cosa que no tardan mucho en hacer) y, como rechingadas putas madres no, un producto cuya importancia y maravillosas cualidades solo son comparadas con la anunciación de la llegada del Cordero de Dios por el Arcángel Gabriel, que de ahora en adelante llamaré, por comodidad y por mis huevos, la chingadera.

Todo empieza muy parecido a un sketch malhecho de Otro Rollo:  llegan al set, entre aplausos del respetable por supuesto, los anfitriones, que suelen ser dos en su forma más estándar, uno que sabe TODO acerca de la chingadera en cuestión (experto) y otra que, no obstante su entusiasmo, no conoce nada de ella (ignaro). Después de las presentaciones obligadas y, en su caso, la enumeración de las múltiples virtudes y cualidades del experto (Mr Universo en 1972, ganadora del concurso de belleza de supertangas.com, chef del restaurante más mega chingón de la región más mega chingona del país más mega chingón del mundo culinario o alguien que pueda hacer tres felaciones simultaneas mientras resuelve una integral por partes, etc.) que tienen que ver, por lo regular, con las cualidades de la chingadera aquella.

Entonces viene LA PREGUNTA. Porque esta no es cualquier pregunta, no es una cuestión intrascendente e irrelevante de aquellas que oímos a diario, no son pendejadas como el porque de las guerras si Dios nos quiere tanto, del que hubo antes del Big Bang, de donde están los millones que se robó Salinas, del como reputísimas madres llegó Fox a la presidencia o de cuantos kilos más puede aguantar la columna vertebral de Sabrina antes del fallo, ¡NO! ¡Esas son mamadas! ¡Esta es la pregunta que puede cambiar tu vida para bien y para siempre!

¿NO ESTÁS CANSADO DE…?

Pues si mis lectores, esta es la pregunta que en cualquier infomercial siempre nos llevará a la reflexión profunda, captará nuestra atención y nos hará ver claramente que tenemos muchas carencias y, en especial, aquella. El virtuoso conocedor de la chingadera le preguntará, con una gran sonrisa, a su ignaro acompañante: “Dime Jacinta, no estás cansada de… hacer ejercicio diario sin bajar esas tallas, que la comida se te queme en los sartenes, no tener espacio para colgar tu ropa, planchar diariamente, las manchas en los sillones, los pelos del perro, los cuchillos que no cortan, LA DISFUNCIÓN  ERECTIL, LAS UÑAS ENTERRADAS, QUE LOS PELITOS SE TE ATOREN EN EL CIERRE, QUE NO HAYA BAÑOS DONDE PUEDAS DEFECAR DE CABEZA…” etc, etc y etc. La lista es interminable e irrelevante.

Por supuesto, inmediatamente después viene la respuesta del sorprendido (seguramente por la increíble capacidad del experto para identificar los problemas de la gente) acompañante. “¡Claro que lo estoy!” (aquí, secretamente, siempre he esperado que alguno conteste algo como: “Fíjate que no, esto de tener tres lonjas y senos más grandes que mi señora esta de requetehuevísimos” o “¡A huevo que no! tendría que ser un verdadero pendejo para cortarme los dedos cuando pico zanahorias”, pero no ha sucedido aún).

Aquí es cuando empieza el verdadero show, ante la mirada de admiración cuasiorgásmica y de total comunión del público con el anfitrión ignorante, este empieza a quejarse (siempre sin perder la sonrisa) de algún problema recurrente: “¡Claro que estoy harto! Esto de depilarse los vellos del recto sin dolor es algo que es imposible!” (situación hipotética). Es en este momento cuando las cámaras enfocan al intelectual público y se puede observar claramente en sus rostros preocupados que ellos padecen exactamente del mismo mal. “No mames, no podría estar más de acuerdo, es como si me leyera la mente…” parece que exclaman en su interior.

Aquí empiezan, claro, la explicación del porque es tan difícil hacer lo que no puede hacer (los cabeceos de asentimiento del público llegan a niveles sísmicos) y entonces, ante la atónita mirada de todos, sucede el éxtasis existencial de todo infomercial: “¡Pues todo eso se acabó! (exclama el experto con una mezcla deliciosa de seguridad, emoción, felicidad, espasmo psico-sexual y convencimiento) porque a ya tenemos la/el nueva(o) _____________ (añadir la chingadera de su preferencia).

Y bueno, después de este emocionante momento que yo comparo con el descubrimiento de América, el infomercial sigue con varios segmentos que pueden o no venir en orden:

Segmento demostrativo

Segmento donde el experto demuestra, mientras explica con singular alegría y ante la idólatra mirada de su compañero, todas las virtudes y ventajas que tiene la chingada chingadera sobre todo y sobre todos. En esta etapa es común recibir, a la menor oportunidad, una expresión de admiración (a veces con aplauso) del compañero ignaro que son rápidamente contagiadas al inteligente y totalmente veráz público. Se puede dar también la negación (¡oh, estúpida humanidad!) de alguna capacidad de la chingadera. Vg. “¡Por favor Mike! ¿Me estás diciendo que la nueva Cacerolator 3450 Double Plus con recubrimiento de robarium templado puede hervir un huevo de avestruz en 5 segundos (aparentemente éstos presentadores se pasan la vida intentando hacer cosas que nadie más haría)? ¡Es imposible!”. Con la consiguiente demostración de que “imposible” es una palabra que no conoce la Cacerolator.  También es en esta etapa donde el experto invita a el ignaro a usar la chingadera para que compruebe lo fácil de usar que es. Aquí el ignaro entra en un trance epiléptico regular que consiste en una variada mezcla de expresiones de admiración y confirmación, exclamaciones de sorpresa, sonrisas y miradas intermitentes público/experto/público, todo mientras usa, cuál si hubiera nacido con él, el producto-chingadera.

– Segmento comparativo

En esta etapa es harto común tirar, aventar, desmadrar y otros varios verbos que terminan en “ar” a los competidores del producto en cuestión; hacer alguna competencia entre la chingadera maravilla y algún experto y demostrar, fehacientemente, que uno puede, por ejemplo, hacerse un lavado intestinal tan rápidamente como lo haría el mejor proctólogo del mundo y en la diezmillonésima parte del tiempo.

– Segmento adoctrinante

Este segmento será repetido muchas (pero muchas) veces a lo largo de todo el infomercial, es donde una voz desconocida (¿Díos quizá?) hace un rápido resumen de las maravillas de la chingadera mientras pasan, en rápida sucesión, imágenes de gente harto feliz usándola, paseándola y presumiéndola una y otra vez, intercalándolas con cuadros de gente gorda, encabronada y fea por, evidentemente, no tenerla. Es aquí también donde se resumen los regalos, recortes de precio, ofertas, 2×1 y demás genialidades mercadológicas; te dan los números donde serás perfectamente atendido por señoritas sudamericanas y el increíblemente bajo precio (más gastos de envío).

– Segmento imperativo

Es donde todos estamos totalmente convencidos de que nuestra felicidad y realización en la vida dependerá de poseer (no en todos los casos de manera sexual) la chingadera. La cereza del pastel viene con la sorpresa de que, cuando estás pensando prostituirte para poder comprarla, el experto, en un acto de suprema bondad, te incluye, además, un rayador de tubérculos comestibles del norte de Singapur, el estuche de viaje con cubierta impermeable al (¡genios!) agua, el bote grande de crema exfoliolimpatermoclarificadora del Doctor Shivago, etc. ¡Y todo a la mitad de la mitad de la cuarta parte del precio del mercadooooo! (¿de Sonora?). Aquí te das cuenta que serías un verdadero pendejo hijo de la chingada si no lo compras.

Después de tan extensa descripción, creo que será buena idea dejar mis conclusiones para el siguiente post, para no aburrirlos y no aburrirme (que, se bien, es algo de su suma preocupación).

Del trabajo (reflexión breve)

febrero 10, 2010

Según el DRAE (que me enseñó, entre otras cosas, que ésta no es la abreviación de diarrea sino las siglas de “Diccionario de la real academia española”) los significados de trabajo son los siguientes:

trabajo.

1. m. Acción y efecto de trabajar.

2. m. Ocupación retribuida.

3. m. obra (‖ cosa producida por un agente).

4. m. Obra, resultado de la actividad humana.

5. m. Operación de la máquina, pieza, herramienta o utensilio que se emplea para algún fin.

6. m. Esfuerzo humano aplicado a la producción de riqueza, en contraposición a capital.

7. m. Lugar donde se trabaja. Vivo muy lejos de mi trabajo.

8. m. Dificultad, impedimento o perjuicio.

9. m. Penalidad, molestia, tormento o suceso infeliz. U. m. en pl.

10. m. Mec. Producto de la fuerza por el camino que recorre su punto de aplicación y por el coseno del ángulo que forma la una con el otro.

Entonces, según esta respetable institución, ciertamente tengo que dejar de usar esta palabra para referirme a la actividad que desempeño diariamente de 7 de la mañana a 4:30 de la tarde. Quizás solo la número dos, si se cuenta como ocupación el tiempo que uno invierte en buscar la posición más adecuada de dormitar en la silla sin que:

a) Ronques de manera exagerada.

b) Una o las dos piernas (subidas elegantemente en el escritorio por supuesto) no se duerman mientras estás ídem.

c) Se te haga un gallo en la mollera.

d) Mueras ahogado con tu propia lengua.

e) Te caigas de la silla cuando des un salto por soñar que te caes de algún otro lado (aunque si sueñas que te caes de una silla uno comprende como sería estar en un cuadro de M.C. Escher).

Mmm… quizá también la 3  si se refieren a lo que produzco cuando voy al baño.

Aclarado este punto, regreso a mis posts habituales.