Archive for 27 octubre 2008

De la banda salsera

octubre 27, 2008

Francamente nunca he pretendido, ni pretendo, hacer de este blog uno de tantos donde la gente intensea sobre cosas tan interesantes como sus amores imposibles, el grano que les salió en la frente o se pone a hablar de sus sentimientos, estado de ánimo y ganas de ir al baño.

Sin embargo en este caso haré una excepción pues me encuentro en uno de esos momentos en que estoy bastante feliz con lo que tengo, con lo que no tengo y en general bastante en paz con la vidita esta.

Muy probablemente aquellos a los que les dedico esto (la banda salsera por supuesto) nunca lo vean en la vida y mi único posible lector (llámese chobu/lobo/Isaac) le valgan poco menos que ni madres éstas líneas. Pero aún así las pondré. En primera porque me gustaría dejar un testimonio de éstos días y esta gente chingona, ya que la verdad siempre será que, por más que uno lo intente y desee, todo, al final, puede valer madres. En segunda porque se me da mi regaladísima gana y este es mi blog chingas.

Alguna vez me dijo un cuate (curiosamente el rementado Chobu), con motivo de una fiesta que tuve a bien hacer, el siguiente acertado comentario: “Tu y tus amigos se toman demasiado en serio eso del baile”. Quizá hayan sido las rebuscadas vueltas de mis compas y yo, o la cara de satisfacción cuasi-orgásmica de Marco cuando baila o la figura de las mujeres con sus manitas (quizá sea la envidia porque él no sabe bailar un carajo). Sea lo que fuere, tiene mucho de verdad, pero también es cierto que, al menos eso creo, la salsa en la banda salsera ha llegado a ser algo secundario. Creo que ahora predomina, simplemente, una amistad fregona.

Mi acercamiento original a este mundo de la salsa fue por el tiempo muerto en mi escuela, la ociosidad innata en mi y el deseo de poderme mover mejor, a la hora de bailar, que el árbol de 50 años que está plantado en mi casa (cosa que no hacía en ese momento). Y pues si iba a las clases, y si me divertía y entretenía, pero realmente no era algo de mayor importancia hasta que nació la banda salsera. Nunca he sido muy popular ni he tenido muchos amigos (cosa que me viene bastante bien), pero los que tengo son muy buenos. Creo que esto es lo bueno de esta bandísima, son muchos y, todos, excelentes amigos, a pesar de que somos de personalidades, edades y gustos variados (al contrario creo que esto le da un matiz bastante chido).

Nunca tuve un grupo de amigos con los que me sintiera tan a gusto, me divirtiera tanto, bromeara tanto, saliera tanto, difrutara tanto. Y, sin proponérmelo, la encontré en ellos.

Gracias a Zoé, mi niña alegre, mi mujer hermosa, mi adorada novia. Iluminas mi vida de muchas formas.

A Adri, con su eterna sonrisa y su pila interminable.

A Itza con su organización perfecta y su fuerte espíritu.

A Yuri por su sinceridad y buen humor.

A Nohemí por su ánimo, su siempre dispuesta ayuda y su alegría.

A Clau por su risa y bella personalidad.

A Ilse que combina carácter y dulzura.

A Karlita y Edgar por su amor al baile.

A Redo por su siempre excelente disposición.

A Marco por que siempre le pone energía a todo (y un poco de estrés a la rueda).

A Omar y su sacrificio de venir desde cuerna pa estar en esta banda.

A Mario y su excelente humor y sus conocimientos de caricaturas olvidadas.

A Ricardo con sus anécdotas cagadas, su hospitalidad y sus interminables conocimientos de los simpsons.

En fin, gracias banda, por hacer divertida y buena la vida.

Este es un update del Miércoles 3 de Febrero del recién iniciado 2010, no recuerdo porque recordé (que irónico) la calavera de la banda y pus al verla me puse algo nostálgico y me dije: “¿Guey, vas a permitir que esta calavera salsera se vaya al infierno de las calaveras?” Y que me respondí: “¡¡Ni madres!!”.

Así que aquí queda para la posteridad:

 

Calavera Salsera

 

La muerte seguía los pasos,

con aliento y con premura,

de la banda de muchachos

que se hace llamar “salsera”.

 

Los encontró a todos jugando

al ritmo de una buena timba

muy contentos y bromeando

bailando rueda en una rumba.

 

Intentó llevarse a Adriana,

quería llevársela deprisa

“¡estoy en la salsa cubana!”

 exclamó con gran sonrisa.

 

Intentó entonces con Marco

pero éste no la escuchaba

“quizá si me subo a un banco”

la flaca, chaparra, pensaba.

 

Fue entonces con Majin Mario.

La ignoró (estaba concentrado)

pues, por no ensayar a diario,

no lograba el Dedo saboreado.

 

La calaca fue luego por Nohemí

En el “dame” la quiso interceptar

“¡Pero si aún no me toca a mí!”

a la flaca dijo, invitándola a bailar.

 

La huesuda fue ahora por Ricardo,

que cantaba una salsita de Maelo

“pérame tantito, que no me tardo”

dijo, puliendo con los pies el suelo.

 

Trató luego de alcanzar a Ilse.

Pero lo intentó en mala hora

pues no paraba de escaparse

en el “dame una, dame otra”.

 

Fue entonces por Edgar Redo

Pero le dio miedo a la muerte

“¡me la vaya a hacer de pedo,

este guey esta muy fuerte!”

 

 La tilica buscó a Claudia,

que la echó de una patada

pues cursando ingeniería

no te queda miedo a nada.

 

Le tocó el turno al buen Omar

“¡Vámonos!”, le ordenó, ufana.

 “Espérame, que quiero bailar

con mi amor la niña Itzayana”

 

Ya enojada, buscó a Karlita

la encontró ensayando bailes

que bailaba, muy bonita,

con su novio Edgar Morales.

 

Quiso después ir por Yuriria

Pero su intento fue poco certero

Aunque con ella ya cargaría

Si no cantan: ¡llévala al varadero!

 

Se volvió la catrina a la niña Zoé

Que, precioso, en la rueda bailaba

¿porqué no se la llevó? ¡Eso lo sé!

Envidia tenía de lo bella que estaba.

 

Indignada la muerte, se los llevó a todos

¡Que bailen su salsa allá en el panteón!

Gritaba la muerte de muy malos modos

Pero ya iba bailando también ella el son.

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De autocompasión

octubre 16, 2008

En este mundo nuestro, la autocompasión ha estado muy vapuleada últimamente. Con todas estas nuevas tendencias psicológicas, motivantes, espirituales, religiosas; estos grupos de optimismo, sectas del new age que predican la armonía de mente y cuerpo y demás chingaderas, la autocompasión ha pasado a ser despreciada, odiada y temida, la pobre.

¿Quiénes no hemos visto en esas profundas series gabachas como 7th heaven, gilmore girls o grey’s anatomy (esta última la neta me gusta, pero ese no es el punto), etceteras, cuando un(a) protagonista tiene una desgraciada desgracia y se pasa todo el capítulo lamentándose y sientiéndose mierda para, en lo últimos momentos antes de los créditos finales, llega alguien (puede ser desde un jefe, un amigo, un enemigo, hasta un intelectual vagabundo) por lo regular persona sabia y segura, de esas que irradian fuerza y admiración y, con cara decidida y voz atronadora, le dice al desgraciado(a) con una sacudidad o hasta con un madrazo: “¡Deja de compadecerte a ti mismo! Que no te das cuenta que bla bla bla…”. ¡¡¡Y santísimo remedio!!! aquel ser vapuleado se levanta con la frente en alto y una nueva visión de la vida, se sacude la tristeza y vuelve a tener la fuerza para comerse al mundo, cagarlo y volverse a tragar la cagada, todo gracias a esas palabras duras pero ciertas…

Chale.

No se ustedes pero yo veo cierto encanto en la autocompasión. No digo que sea buena, probablemente sea bastante mala y además no tengo ni el conocimiento ni las ganas para discutir todos los pedos sociales que trae consigo un estado autocompasivo. Lo que yo digo es que es, desde cierto punto, es chida.

La autocompasión viene en aquellos momentos en los que te sientes tan pero tan mierda (puede ser por cualquier situación) que ya no te importan los consejos bienintencionados de los amigos (es más, en este punto probablemente los amigos se han hartado de ti), no te importan todos tus logros, no te importan tus cualidades; solo tienes esa segura certeza de que eres mierda, vales pa pura mierda y la gente tiene razón en decir que eres mierda. Es entonces cuando llega esa punzadita de placer morboso y egoísta que tenemos todos los humanos en algún lado, ese sentimiento de sufrimiento sabroson mientras te sigues hechándo vasca a ti mismo, diciendote que eres feo, pendejo, inútil, aburrido, que todo lo que te pasa te lo mereces y que no vales un carajo.

Hay cierta gracia en sentirse nada, porque entonces no esperas nada de ti, lo que espera la gente de ti te vale madres y tu mundo se ha hecho de pronto muy sencillo. No tienes que trabajar más porque sabes que nunca harás nada, no tienes que sufrir el que tu pareja no te quiera porque entiendes perfectamente porque no te quiere, no tienes que ayudar a tus amigos con sus problemas porque sabes que eres una persona mierdera. Le das rienda suelta a tu egoísmo, saboreando pensar que los demás se sienten mal al verte mal, siendo grosero y cortante con las persona que te quieren ayudar y valiéndote madres todo lo que has aprendido sobre las buenas maneras.

En fin creo que la autocompasión te lleva a un estado de desahogo bastante necesario de vez en cuando y hasta; en un modo enfermo y poco saludable, he de admitirlo; disfrutable.

Eventualmente, siempre y cuando no suframos alguna enfermedad psiquiátrica o de plano el problema sea muy cabrón, terminamos saliendo de nuestro estado autocompasivo para volver a tu estado normal (sea cual sea). Retomas tus proyectos, te ves un poco menos feo en el espejo, recuerdas que hay gente más pendeja que tu y las cosas recuperan su gracia. Creo yo que lo malo de la autocompasión no es sentirla, todos la necesitamos de vez en cuando. La cosa radica, creo, en no hacerla un modo de vida, porque, entonces si, que hueva.