Archive for 23 junio 2008

De caricaturas

junio 23, 2008

Aprovecharé el tiempo muerto de mi trabajo para escribir lo que, originalmente, iba a ser mi primera aportación a este pseudoblog. Hablaré de las incoherencias en la caricaturas. Y bueno, no es que las caricaturas se distingan por presentar escenarios veraces y muy lógicos, pero no voy a hablar de porqué chingados el coyote no se compraba unos pollos rostizados con todo lo que gastaba en las mierdas de ACME o el porqué si Goofy era perro y Pluto también, uno era antropomorfo y hablaba (aunque lo hacía como pendejo) y el otro no. Lo que en verdad me encabrona son las incoherencias que nada tienen que ver con el mundo ilógico de las caricaturas. Diviértanse.

 

 

Ewoks Racistas.

 

Cuando yo era pequeño, me divertía viendo las caricaturas de aquellos cuasi-osos hablantes emergidos de la mente enferma de Jorgito Lucas, los Ewoks. Aparentemente, antes de derrotar a un ejército de bien entrenados stormtroopers con armas de rayitos chingonas, robots de dos patotas, armaduras blancas y que les doblaban la estatura, Wicket y sus cuates vivían un sinnúmero de aventuras y se la pasaban de poquísima madre. Como todo héroe populachero y divertido, tenía su banda, su vieja, sus jefes y cosas varias que hacían del programa un deleite interminable. Entre sus cuates tenía a un aprendiz de hechicero bastante pendejo y una Ewok muy mamoncita de la que el hechicero estaba enamorado, y que nunca pelaba. Hasta ahí todo iba a bien, la vida de los ewoks reflejaba, no solo los problemas que uno esperaría de unos mamíferos preadolescentes de Endor, sino los problemas amorosos que todos hemos sufrido.

 

Entonces es cuando viene lo que me conflictua. Un buen día, Wicket, seguramente presionado por los constantes cambios de la moda endoriana, decidió quitarse su capuchita verde y probarse una rojita más marica. Lo realmente impresionante fue cuando sus amigos llegaron a saludar y ¡oh sorpresa! La ewok mamoncita había cambiado completamente su actitud y ahora no solo había encontrado la tranquilidad espiritual para dejar de comportarse culeramente con el pobre y pendejo maguito sino que además ahora la enamorada era ella.

 

Todo eso lo hubiera soportado con relativo estoicismo, pero lo verdaderamente traumático fue que ahora la ewok era… ¡negra! ¡¡¡A chingaaaa!!!  ¿Qué pasó? ¿Se fue a Acapulco y se bronceó demasiado? ¿Se tiñó todo el pelo del cuerpo? ¿Alguna enfermedad dermatocapilar?

 

El racismo levantó su fea cabeza cuando ahora el maguito pendejete rechazaba los constantes esfuerzos que la ahora negrita hacía para ganarse su corazón. Así es, pasó en un día en ser una huerita mamona, admirada y vanidosa a una negrita arrastrada y de baja autoestima. Chale.

 

Y bueno, yo me preguntó, ¿qué chingados estarían pensando los productores, dibujantes, directores o el que se encargaba de esas madres? “Oye guey, y si le cambiamos el color al wicket y volvemos a la otra vieja negra y lameculos? ¡Estoy seguro que nadie se va a dar cuenta!” o “¡Oye compadre, te acuerdas de que color va la capa del Wicket y el pelo de su amiga? –Pus asómate al escritorio del pancho, ahí están los dibujos anteriores –¡Nel, que hueva, lo voy a pintar verde y a la otra negra y a la chingada! –Pus haz lo que se te de tu pinche gana entonces”

 

Algo así me imagino.

 

  

 

Algo similar pero inverso sucedió en los simpsons con el smithers, el enamorado y servidor del señor burns. En los primeros capítulos, y creo que solo en uno, sale negro y con el pelo azul, para después terminar amarillo y con el pelo gris. Y pos chale, misma cosa.

 

          Oiga señor Groening, ¿que el smithers no era negro?

 

          ¡A chinga de verás! Pus ya déjalo así y nos hacemos pendejos.

 

 

      

 

Probablemente la explicación es que tenía vitiligo.

 

¿Y los chacos?

 

 Otra cosa que en verdad nunca entendí porqué rechingados la hicieron, fue la pérdida de los chacos de Miguel Ángel, la tortuga ninja.

 

Como muchos veinteañeros actuales, yo fui fan de las tortugas ninja adolescentes mutantes. Y como todos los fans de dichos justicieros adiestrados por una ratota, yo tenía mi tortuga favorita, la cuál era, espero ya lo hayan adivinado, Miguel Ángel. Mi admiración por aquel chaquetero puberto no venía de su antifaz naranjita ni de su hilarante hilaridad. Venía de su maestría al usar los chacos, aquellos palitos unidos por una cadenita, probablemente muy incómodos a la hora de los chingadazos, pero que se veía harto chingón cuando los expertos arte marcialistas (como Miguel Ángel) hacían sus malabares con ellos y con los que me di más de un  putazo tratando de imitarlos con mis chacos de juguete.

 

Un mal día en que encendí la tele esperando disfrutar un capítulo más de mis verdes héroes, cuál no sería mi sorpresa cuando Miguelito, en lugar de sus bonitos chacos, saca un mecate con un como gancho en forma de caparazón. ¡Qué pedo! Exclamé yo escandalizado, ¿y los chacos? Bueno, quizás se le olvidaron en la alcantarilla o en la tortuvan y pos tenía a la mano la madre esa del mecate, pensé yo un poco más tranquilo. ¡Pero no! El día siguiente y el que le siguió y así por siempre, el buen mike siguió llevando pa arriba y pa abajo su mecate con gancho.

 

Nuevamente nunca hubo una explicación al respecto. ¿Se le perdieron en una cloaca? ¿Se le rompieron y el Splinter no tenía dinero pa comprarle otros nuevos? ¿Un buen día decidió que el mecate era mejor arma que los chacos? ¿Abril los robó para usarlos en algún pervertido juego sexual?

 

Leonardo: ¿Oye Mike, y tus chacos? ¿Qué pedo con el mecate?

Mike: ¡A chingá! Neta, que pedo…

     

Nunca lo sabremos.

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De espiritualidad

junio 20, 2008

Hace poco mi buen amigo Chobu/Lobo (al parecer el único lector de este blog) me reclamó el atraso y la poca atención que he tenido para con este espacio de expresión y, como mi público siempre ha sido lo más importante para mi, he decidido escribir un segundo artículo, con lo que lograré, por un lado, satisfacer las necesidades del 100% de mis ávidos lectores y, por el otro, que me deje de estar chingando al madre.

Últimamente, en aquellas sesudas platicas que tengo con mis amigos, he oído más de una vez el término espiritualidad. En muchas de esas ocasiones el tema viene al hablar de religión o creencias. Frases como “no soy religioso, soy espiritual” y similares son comunes. Al parecer, mucha gente busca esa espiritualidad que le dará sentido a su vida, que le hará ser mejor persona, que le dará tranquilidad y muchos otros etcéteras.

Y yo me digo ¿Pues que chingados?

Quizá es porque sea una persona muy simple o una muy compleja, quizá sea muy inteligente o muy pendejo, quizá sea que soy muy centrado o estoy muy encabronadamente confundido. Pero, al menos para mi, y lo digo a voz en cuello: ¡La espiritualidad me vale madres!

Y no me refiero a que la espiritualidad de los demás me valga madres o que desapruebe su búsqueda (de lo que sea que estén buscando) o que esté en contra de ella de alguna manera, simplemente que para mi nunca ha sido necesario tenerla ni me importa su existencia ni es algo que para encontrarla tenga que rezar, bailar desnudo (eso lo haría por gusto), comer peyote o ir a bañarme a las aguas santas de santotomaczempualtepec.

Pero pus pa que todo sea ordenado y bonito empecemos por el principo: ¿Qué chingaos es eso de la espiritualidad?

Espiritualidad viene de espíritu (¡Ay guey, soy un genio!) que su vez viene del latín spiritus que significa aliento. ¿¿¿Eh??? Resultase que aquellos antiguos y sabios seres tenían a bien identificar el aliento con la vida, algo así como la esencia dejando aparte el cuerpo terrenal. Eso ya tiene más sentido. De ahí ya podemos, asumiendo que no todos mis lectores sean tan gueyes como el único que tengo por el momento, deducir como la palabra derivó en conceptos como alma y seres como Gasparín.

Y si le creemos (y porqué no lo haríamos) la chingona enciclopedia virtual llamada Wikipedia:

La espiritualidad es el ejercicio natural que todo ser con conciencia hace del sentimiento que alienta a obrar, manifestándolo en forma de ánimo, valor, aliento, brío, esfuerzo, vivacidad y/o ingenio.

Y no se a ustedes pero a mi esto me suena, pus… a vivir.

Tons si lo que digo tiene sentido (y es probable que no lo tenga) aquellos que buscan la espiritualidad nomás andan buscando un cambio en su forma de vivir o de ser, y yo no sé porqué fregados lo buscan fuera de ellos mismos en sectas extrañas, velas rosas, amarillas y moradas, inciensos que huelen a pipí y libros de Carlos Cuauhtémoc Sánchez.

Probablemente no sea una persona espiritual, pero ciertamente me importa medio cacahuate y, a mi parecer, eso es infinitamente mejor que necesitar serlo o pregonarlo si ya crees que lo eres. 

Y con todo y que no creo tener ni busco la espiritualidad, soy bastante feliz, tengo gente que me quiere, gente que quiero yo, no conozco a nadie que me odie, trato de ayudar o mínimo de no chingar a nadie y me veo mucho más tranquilo que muchas de las personas que presumen de ser espirituales.

Y bueno, como los romanos eran unos chingones, la próxima vez que alguien me diga que tiene una fuerte espiritualidad lo tomaré como una declaración de que le apesta el hocico.

He dicho.